La murga de los dos bandos

La cosa viene de lejos. Desde Fernando VII, a quien dicen que llamaban el Deseado. Parece ser que lo indeseable era más guerra, después de años luchando por la Independencia. El mal absolutista aguantó en el poder hasta 1833. En medio fue la de Riego, con su himno violentamente anticilerical, tanto que se le olvidó ser liberal. Luego vino el carlismo, base ideológica del carasol que nos dejó a todos ciegos en 1936. Como recordaba Mario en la última clase de ayer, el título de la novela coral Los girasoles ciegos, compuesta por cuatro cuentos enredados y muchas vidas, se inspira en ese doble himno y en una mutilación de las demás perspectivas: mujeres y niños/as, víctimas de la incivilidad guerrera. Si se mira bien, la mayor parte de los exiliados era del tercer bando: esos que nunca alcanzaron las prebendas de un estado corrupto, a quienes nunca favoreció una reforma agraria, quienes no deseaban matar ni ser matados.

Los primeros novelistas del tercer bando fueron Galdós, Pardo Bazán y Clarín. Estaban fuera del mapa político de la Restauración tardodecimonónica. Quizá por eso pudieron representar las aspiraciones de los otros ninguneados por el turno liberal-conservador: Misericordia, La Tribuna, Adiós Cordera. Y, además, hartos de hartas guerras.

La posguerra española del siglo XX comenzó en Sevilla, la primera gran ciudad conquistada por los legionarios que se fraguaron en el yunque de la previa matachina en Marruecos. El pionero en narrarlo fue el periodista Manuel Chaves Nogales, a su vez uno de los antecedentes en escapar de la polarización cuando aún estaba en pleno auge; un testigo de los reprimidos y condenados al silencio por la españoliduodad. Un espíritu activo y narrador, a diferencia de Cernuda.

“La gesta de los caballistas” es un artículo recogido en A sangre y fuego (1937). La descripción del paisaje urbano es tan familiar al IES San Isidoro, donde nos encontramos tres veces a la semana, que el aliento de los personajes nos eriza el vello de la nuca.

ImagenChaves Nogales, sevillano original, es la viva estampa del rotundo exiliado José María Blanco White en el siglo XX. Ambos fueron pioneros en escribir de otra manera y los últimos en ser leídos, de la mano de los aún vivos (por muchos años 😉 Juan Goytisolo, uno de los mejores narradores y ensayistas del “segundo exilio” español; y Andrés Trapiello, poeta-narrador más autor del ensayo Las armas y las letras; fundamental para entender que detrás de esa maraña de dobles ideológicos hubo mucha tercera España. Arrinconada por millones, aplastada entre los frentes (Ay, Carmela); condenada después a la cárcel por ser hermana (La voz dormida), y al hambre por ser convecina (La Colmena).

Así pues, comencemos la lectura. Estamos en esa fase del proyecto que se llama: “Análisis de problemas”. A la vez que se lee, dejemos crecer preguntas en nuestro interior, que se comuniquen a través del blog, como tales, en comentarios, o en forma de entradas nuevas.

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