Las novelas de Carmen Laforet: mucho más que “Nada”

“Ganó el Premio Nadal el 6 de enero de 1945; más tarde, en 1948, obtuvo el Premio Fastenrath de la Real Academia Española. La obra llamó la atención no solamente por la juventud de la escritora, que por aquel entonces tenía 23 años, sino también por la descripción que Laforet hizo de la sociedad de aquella época. Frente a quienes dijeron que la novela era autobiográfica, la autora misma escribió, en la introducción a la compilación titulada Novelas (Primera edición de 1957, Barcelona, Editorial Planeta) lo siguiente: “No es, como ninguna de mis novelas, autobiográfica, aunque el relato de una chica estudiante, como yo fui en Barcelona, e incluso la circunstancia de haberla colocado viviendo en una calle de esta ciudad donde yo misma he vivido, haya planteado esta cuestión más de una vez”.

Nada es una novela de carácter existencialista en la que Carmen Laforet refleja el estancamiento y la pobreza en la que se encontraba la España de la posguerra. La escritora supo transmitir con esta obra, escrita con un estilo literario que supuso una renovación en la prosa de la época, la lenta desaparición de la pequeña burguesía tras la Guerra Civil”.

Fuente: wikipedia

La adaptación al cine en 1947 fue dirigida por Edgar Neville.

Carmen Laforet es una de mis novelistas preferidas en la Historia de la Literatura Española. Fue capaz de darle la vuelta a los estereotipos femeninos bajo el régimen franquista. Sus personajes protagonistas no son mujeres automarginadas por su obediencia a las convenciones. Son mujeres voluntariosas que pretenden crear la vida contra el viento de la falsa religión y las ideologías lastradas por el machismo. Imaginativas, ansiosas, turbulentas, frustradas cuando no pueden evitarlo, pero maduras, reflexivas y vitales. No se suicidan. Recuerdan a los grandes personajes de autoras anglosajonas: Jane Austen, las hermanas Brontë. Pero viven en la España de la posguerra y afrontan el peso de una dictadura aún más grave para las mujeres, uno de los estandartes del régimen. Laforet subvierte el tópico: ni monja, ni solterona, ni sumisa, ni débil.

De hecho, lo que más sorprendió y, tácitamente, irritó a la masculinidad dominante en su época es que los hombres también pudieran identificarse con sus heroínas; tanto como que la autora no se sometiera al control de la censura por ninguno de los dos bandos. Nada (1944) es una denuncia minimalista de la vaciedad del régimen, con un lenguaje conciso y contenido, que fue elogiada por los resistentes a la dictadura. La mujer nueva (1955) es una historia muy valiente, que representa la dureza de la posguerra para quienes fueron declarados perdedores. Unos se exiliaron, otros se quedaron. Es la primera obra, junto con La sombra del ciprés es alargada (1947), de Miguel Delibes, que plantea las paradojas y dilemas del reencuentro entre los exiliados y quienes quedaron aquí (Laforet); o bien entre quienes los dscubren allá, en América (Delibes).

La sombra del ciprés es alargada (1990), dirigida por Luis Alcoriza, exiliado en México durante décadas.

Como sugiere Agustín Cerezales, hijo de la autora, el solo hecho de narrar un proceso de conversión religiosa hizo que La mujer nueva resultara antipática a los novelistas sociales. Aunque se llevó otros premios (Menorca, Nacional de Literatura), no llegó a ser realmente comprendida. La protagonista se separa de su marido, regresado del exilio, porque se ha cansado de amar. Pero el aprendizaje de la “mujer nueva” no consiste en reinsertarse socialmente a través de otro marido afecto al franquismo, sino precisamente en desvelar la incongruencia de los símbolos religiosos que deberían hacer viable la vida. Es una heroína mística, porque no cabe que sea religiosa sin perder la memoria ni la identidad. No la pierde y rehace una vida independiente. Ha escapado al destino de Ana Karénina La Regenta, en una España aún más Vetusta. En vez de concluir en nada y hastío, comunica una esperanza de libertad humana entre las moles pétreas de los dos bandos. Puede compararse con la vitalidad y la resiliencia de las heroínas de las novelas Jane Eyre (Charlotte Brontë) o La inquilina de Wildfell Hall (Anne Brontë) y las películas Dos mujeres (1960), de Vittorio de Sica, o la más reciente Tres colores: Azul (1993), de Kieslowski.

Hizo lo que quiso, mientras pudo. En una próxima entrada pensaremos en por qué dejó de escribir.

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