Señas de identidad, de Juan Goytisolo

Juan Goytisolo

Juan Goytisolo, a sus ochenta años.

Autor polifacético: narrador, ensayista, investigador de la memoria cultural e histórica con el propósito de rescatar las otras Españas de un olvido religioso y secular. Su vida es más rica de lo que pudiera resumir una biografía: de Barcelona al Sur, de España a París, de Francia a Marruecos y el mundo árabe nortafricano, pasando por América Latina. Su viaje se interna en el Sur: Levante, Almería, Granada, Albacete, buceando en la región (por entonces) más pobre y abandonada de España, de donde provenían los emigrantes que recalaban en Cataluña o continuaban hacia Francia. Coincidió con ellos en el internado forzoso del servicio militar y les siguió la pista. Se salió de su ambiente y de su clase, aunque no del todo; a caballo entre Españas y mundos. Acabó finalmente exiliado a causa -en parte- de sus primeros libros: por ejemplo, el libro de viajes por Campos de Níjar (1959), donde utiliza la descripción de ambientes y de personas (topografía, retrato) para denunciar la monumental hipocresía del régimen, así como las relaciones inicuas y denigrantes entre señores y semisiervos, vencedores y vencidos.

Pasa muchos años en París. Se aclimata a la cultura francesa, mientras se convierte en narrador experimental, contemporáneo del nouveau roman o de la neovanguardia, y sus obras se traducen a varios idiomas. Durante aquellos años (los 60) se le asocia con el boom latinoamericano, no solo por motivos comerciales (la editorial Seix Barral), sino también porque su renovación de la novela toma otros derroteros a los del estructuralismo, el objetivismo de Robbe Grillet o los meros juegos de palabras, por muy divertidos que fueran, de Oulipo. Su biografía continúa, pero aquí la dejo, por ahora.

 

Juan es hermano de otro novelista, Luis Goytisolo, y del poeta José Agustín Goytisolo, el mayor. Hijos de una familia supuestamente victoriosa tras la Guerra Civil, aunque su padre murió en la contienda. Más que el contenido de la memoria, sus sentimientos sobre el pasado sirven de fuente para dar carne a uno de los protagonistas de Señas de identidad, Álvaro.

 

Señas de identidad

Es casi un acto de honradez que Álvaro haga el papel de narrador testigo, en primera persona cuando habla de sí mismo y en tercera persona, evocador omnisciente, cuando inventa los sueños y pensamientos de su amigo Antonio, a quien le une un viaje al Sur para rodar un documental sobre las raíces y el paisaje de la emigración. Una aventura frustrante, porque el material acabó siendo confiscado por la Guardia Civil en su último episodio; el primero de la novela, por la Sierra de Yeste, que recuerda las banderías de la Guerra Civil. El empeño de los señores por dominar con violencia a una masa de esclavos, que se han constituido en gobierno legítimo gracias al Frente Popular.

Álvaro se exilia a París -ya estaba exiliado cuando fue a rodar- y desde allí hace incursiones, cada vez más esporádicas, a España.  Antonio permanece discontinuamente preso bajo la dictadura franquista, entre periodos sincopados de activismo político contra el régimen.

En París se enamora de Dolores, hija de exiliados republicanos en México, quien llega a París con una desubicación simétrica a la de Álvaro. Juntos viajan a España durante el rodaje del documental, y juntos se asocian con Antonio, entre otros compañeros. Siguen unidos a pesar de una agonía proporcional a la longevidad de la dictadura, que se presenta ante Europa como un territorio colonizable, apetitoso para el turismo, dócil al capital occidental, inofensivo para los extranjeros, solamente agresivo para otra generación de jóvenes resistentes, que no se resignan a callar y hacer dinero. No quieren olvidar, ni tampoco se limitan a exaltar a uno de los dos bandos. Quieren crear otra España sin Expañas. Pero no pueden, porque el régimen se obstina en mantener su orden como si fuera sagrado: “25 años de Paz” es su lema. Obliga a la frustración o a la acomodación de sus súbditos. Reprime violentamente a los “malos” que no se conforman.

Ellos (Álvaro, Antonio, Dolores) hacen patente su angustia, a la vez que denuncian las contradicciones de la dictadura (represora, torturadora, amenazadora pero sumisa al Mercado Común) y el absurdo de los exiliados que se suceden, una generación tras otra, siempre pensando que sus batallas fueron más auténticas que las posteriores. No hay moraleja en la novela.

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