Comentario: Gallardón y los tullidos, de Jorge M. Reverte

El Estado que defiende el ministro garantizará el derecho a nacer, pero no el de vivir dignamente

JORGE M. REVERTE. 12 MAY. EL PAIS

Alberto Ruiz Gallardón, ministro de Justicia, nos quiere volver a llenar de tullidos las escaleras de las iglesias. Estampas que los más viejos recordamos de nuestra infancia española y los más jóvenes que han podido viajar traen incrustadas en sus retinas cuando vuelven de algún periplo por países donde reina la miseria. Niños sin piernas, sin brazos, ciegos, paralíticos cerebrales, que viven postrados y se alimentan de la caridad tintineadora de las monedas aleadas con las mezclas de los metales más ruines, las de cinco céntimos.

El ministro de Justicia lo tiene claro: esos niños, a los que casi siempre se puede diagnosticar con tiempo que van a arrastrar una existencia peor que miserable, van a tener derecho y obligación de vivir esa vida, a la que les condenará, si sus proyectos salen adelante. ¿Exageración? No, ninguna, porque entre los anuncios del ministro no hay nada que se refiera a la atención a esas vidas, a la garantía a los cuidados o las rentas básicas. Más del 50% de las jóvenes españolas (que son las que presumiblemente pueden tener niños) están en paro. Si alguna de ellas comete el error de quedarse embarazada, puede encontrarse no con el derecho a parir a un hijo, sino con la obligación de hacerlo, sea cual sea su circunstancia vital. Y si el nacido tiene taras irreversibles, tendrán que arrastrar durante toda su vida esa penitencia. Porque el Estado que defiende Gallardón garantizará el derecho a nacer, pero no el derecho a vivir dignamente.

El ministro declara a quien quiera escucharle que defender lo que defiende es lo más progresista. Y si uno se descuida, los tertulianos de las emisoras más rabiosas de la extrema derecha clerical le dirán, a voces, que los nazis pusieron en marcha un programa llamado Aktion 4 que consistió en matar a todos los ciudadanos alemanes, sin necesidad de que fueran judíos, que sufrieran taras físicas o mentales. Una repugnante manipulación que esconde que aquello se hizo sobre personas ya nacidas, incluso adultas. Que no tenía nada que ver con una discusión que es puramente ideológica, la de cuándo se puede considerar persona a lo concebido. Para la Iglesia española, que es la que inspira la pretensión de Gallardón, ese momento es el de la fecundación. Por eso, el aborto es un asesinato para los dignos obispos que lo combaten mientras se olvidan de la pederastia, por ejemplo, pese a que las palabras más duras que se pueden recordar de Cristo fueron aquellas que dedicó a semejantes tipos: “Al que escandalizare a un niño, más le valiera atarse al cuello una piedra de molino…”.

Muchas mujeres españolas han peleado durante años para conseguir una ley de plazos para el aborto. La única posible y objetiva para respetar los derechos de las embarazadas. Hasta que esta ley se puso en marcha, con gran oposición, por supuesto, de la Iglesia y de violentos meapilas como el ministro, tenían que fingirse enfermas mentales para abortar dentro de la ley. Los profesionales del mundo ‘psi’ tenían que decidir si su cabeza iba a poder funcionar bien o no en el caso de que llevaran hasta el final un embarazo no deseado. La sociedad española estuvo muchos años, desde 1985, viviendo una repugnante simulación, hasta que hubo ley de plazos.

Desde entonces, desde que se promulgó la ley en 2010, las mujeres tienen derecho a decidir con libertad durante las 14 primeras semanas de embarazo. Sin que un cura ni un psiquiatra tengan que intervenir y sin que, ¡sorpresa!, haya aumentado el número de abortos en España. La diferencia es que las señoras que han abortado no han tenido que pasar por la prueba de fingir que sus neuronas estaban alteradas. Les ha bastado durante estos años con mostrar su decisión, con reivindicar la libertad para administrar su cuerpo. Hay más sorpresas: el 38% de los católicos practicantes aceptan esa regulación, por ejemplo. Y son mayoría los españoles que apoyan la ley de plazos, frente a la anterior, la de 1985, de “supuestos”. A esto nos quiere llevar el ministro, pero con severas correcciones que prevalgan los derechos del feto de cinco minutos sobre los de la madre adulta.

Este defensor del derecho a la vida, amparado por hooligans como el ministro del Interior, Jorge Fernández, que compara el aborto con ETA, o el obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Pla, quieren llenar las escaleras de las iglesias de mujeres locas y de niños tullidos.

Comentario de texto

Tema:

Consecuencias de la anulación de la ley del aborto.

Resumen:

El ministro de Justicia, Gallardón, derogando la ley del aborto, llenará las calles de personas con problemas físicos y psíquicos, al hacer prevalecer su derecho a la vida. Esto  hace a su vez que las mujeres embarazadas pierdan su propio derecho a la decisión. El hecho de que las condiciones de la sociedad traigan consigo que estos niños no lleguen a llevar una vida digna no gana a la ideología, mayoritariamente de derecha y apoyada por sectores eclesiásticos. Consideran el aborto asesinato, pero niegan los derechos de las embarazadas. La ley de 2010 ha conseguido regular los abortos en España, y revocar esta ley supondrá un problema mayor en el futuro, a la vez que un retraso legal.

Organización de las ideas:

Estamos ante un texto periodístico, un artículo de opinión de tipo argumentativo. El autor, Jorge M. Reverte, ataca a aquellos que arremeten en contra de la ley del aborto aprobada en 2010.

El objetivo del texto argumentativo es convencer al lector de la validez del mensaje que quiere trasmitir el autor. Este texto tiene una estructura circular: la tesis, que puede leerse en la introducción, vuelve a repetirse en el último párrafo. La estructura es:

Primer párrafo: Introducción y tesis: nos muestra las consecuencias de las pretensiones del ministro Gallardón, en las cuales se basará todo el artículo de opinión.

Del segundo al quinto párrafo: argumentos. El autor argumenta en favor de sus ideas, contrastándolas con otras opiniones y ofrece al lector datos sobre el tema, con fechas, porcentajes y citas.

El último párrafo corresponde a la conclusión, donde además de atacar a otros personajes públicos, repite la tesis.

Comentario crítico

Jorge M. Reverte, periodista con un gran recorrido y experiencia, también novelista y ganador del premio Ortega y Gasset, ataca sin tapujos en este artículo al ministro Gallardón y a su política antiabortista, apoyada por altos dirigentes eclesiásticos y personajes de derecha. En una crítica mordaz, muestra su visión de las consecuencias de abolir la ley del aborto: una España llena de personas dependientes, condenadas a vivir indignamente.

Con detalles y comparaciones, datos estadísticos y alguna que otra cita, nos muestra la larga lucha de las mujeres para conseguir tener derecho sobre sus propios cuerpos y cómo siempre se ha negado este, por razones ideológicas o religiosas.

Tema de gran actualidad y bastante controvertido, tratado por autores de todos los ámbitos, científicos, periodísticos, religiosos, de a pie, rurales y políticos.

Y el hecho de que políticos opinen es justo. Pero que pretendan cambiar leyes según su ideología, sin consultar con la población previamente y basándose en sus percepciones, religión o juicios propios, no es algo decente. Sobre todo, el hecho de que hagan alusiones a cosas que no tienen nada que ver. Porque sí, desde la concepción, hay vida. Pero yo no hablaría de asesinato. ¡O llegar al punto de compararlo con la masacre nazi de todas las personas con problemas mentales o físicos, o incluso con ETA! Eso es irse por las ramas y buscar justificación donde no la hay. El derecho de la madre, en mi opinión, es más importante que el del feto. Y más hoy en día, que vemos cómo se reducen nuestras posibilidades: las ayudas, el sistema sanitario. Donde recortan y recortan. “Porque el Estado que defiende Gallardón garantizará el derecho a nacer, pero no el derecho a vivir dignamente”, dice el autor. Y es así, teniendo en cuenta que el Estado de bienestar está cayendo en picado y los derechos más fundamentales, recogidos en la Constitución, están siendo violados y olvidados, en beneficio de grandes empresas, políticos y bancos.

Mucha gente se olvida de que el derecho al aborto no te obliga a abortar. Yo creo, como mujer, como futura madre, y como dueña de mi cuerpo, que saber que podría abortar no lo va a convertir en mi afición de cada fin de semana. Para una mujer consecuente y con una buena educación (otra cosa que al ritmo al que vamos, va a desaparecer), el aborto es algo muy serio con unas consecuencias tanto físicas como mentales, que hay veces que por causas propias o ajenas, debe darse. Pero repito: una aborta si quiere. Así se demuestra tras la ley de 2010, tras la cual no han aumentado los abortos. “Hasta que esta ley se puso en marcha […] tenían que fingirse enfermas mentales para abortar dentro de la ley”. Algo que no parece demasiado justo.

Regular el aborto es algo esencial en una sociedad moderna como la de hoy en día. Un ejemplo de las consecuencias de negarlo es lo que está pasando el El Salvador: una madre en riesgo de morir porque, si aborta, puede estar condenada hasta con 50 años de cárcel (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/05/01/actualidad/1367438239_003215.html ). Bien es cierto que es controvertido, pero, a mi manera de ver, es estrictamente necesario para garantizar un Estado de derecho completo.

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