EL PRECIO REAL DE LA ROPA: Comentario

                                EL PRECIO REAL DE LA ROPA
¿Cuánto cuestan de verdad esos vaqueros por los que hemos pagado menos de 20 euros? ¿Qué hay detrás de los seis euros que nos ha costado esa camiseta? ¿Por qué tanta ropa que compro en España, de marcas españolas o europeas, lleva el típico Made in Bangladesh” o “Made in Pakistán” en la etiqueta?

El derrumbe en Bangladesh de un edificio que albergaba varias fábricas textiles en las que unas 3.000 personas habían sido obligadas a seguir trabajando, pese a que la policía había advertido un día antes de la existencia de grietas en las paredes, ha dado visibilidad a un problema que hunde sus raíces en los cimientos mismos del sistema de división internacional del trabajo en el que vivimos. Porque, en definitiva, esas fábricas, donde los empleados cumplen agotadoras jornadas de trabajo por salarios miserables, existen solo porque nosotros, con nuestra demanda, lo permitimos. La ecuación es sencilla y no tiene ningún misterio. A las empresas de ropa (como a tantas otras en tantos otros sectores) les sale mucho más barato elaborar sus productos en países donde el gasto que supone pagar a los trabajadores es mínimo. En Bangladesh, por ejemplo, la paga media de estos empleados son 38 euros mensuales, equivalentes a un salario mínimo que está entre los más bajos del mundo. Ello permite a las firmas bajar los precios en los puntos de venta hasta niveles que, de tener que cargar con los costes de los salarios, los impuestos y las condiciones de seguridad laboral del primer mundo, no resultarían “competitivos”.

La fórmula se completa con otros dos factores igualmente importantes: Por un lado, por muy bajos que sean los salarios que las empresas de ropa pagan en el tercer mundo, éstos suelen ser mayores que la media allí. En contextos donde además existe un desempleo endémico, siempre habrá personas dispuestas a trabajar. Por otro lado, los consumidores occidentales demandan, obviamente, ropa barata, y son muy pocos los que, especialmente en estos tiempos de crisis, están dispuestos a pagar más o a mirar la etiqueta de una chaqueta antes de comprarla. Al final, las empresas salen ganando, los consumidores del primer mundo salen ganando, y los trabajadores del tercer mundo salen también ‘ganando’, teniendo en cuenta que no tienen muchas opciones mejores de supervivencia. Hasta que se derrumba un edificio, mueren cientos de personas y entonces se hace evidente que algo no funciona.

El problema de fondo es asumir que el único modo de que haya ropa barata es que ésta se produzca en condiciones indignas. En una economía de mercado todo es relativo, y la última palabra la tiene siempre el consumidor, por más que su comportamiento esté condicionado por el bombardeo de la publicidad, las posibilidades que dan los sistemas de crédito o la caducidad programada de los bienes que adquiere. Bastaría, en principio, con no comprar ropa proveniente de países donde sabemos que las condiciones de trabajo son inhumanas, más propias del siglo XIX que del XXI. Sin embargo, la única alternativa parece ser comprar ropa más cara, y eso no resulta sencillo para tantas familias (cada vez más) a las que les cuesta un mundo no ya llegar a fin de mes, sino llegar incluso a la semana siguiente. Una respuesta a este teórico dilema es ser conscientes de que el consumidor tiene voz además de dinero.

Reportaje completo: “Lo que cuesta de verdad la ropa”.

Miquel Maiquez, 20 minutos, 05/05/2013.

Comentario


1. Organización de las ideas:

Este texto es un artículo periodístico, por lo que muestra las características propias de los textos argumentativos, en los cuales el autor trata de convencernos de la validez de sus pensamientos y su criterio acerca de una materia en concreto, en este caso la explotación laboral. La organización de las ideas se desarrolla de la siguiente manera.:
La introducción abarca el primer párrafo, en el que el periodista ha planteado el tema de que trata el artículo, el abuso de las empresas españolas a los trabajadores extranjeros, mediante un recurso muy utilizado en este tipo de textos: las preguntas retóricas.
En el desarrollo se incluyen los datos necesarios para poner en situación al lector y que así conozca el tema del que trata el artículo. En la expresión del autor ya se vislumbra su postura y comienza a exponer sus argumentos para que compartamos su punto de vista así como datos impactantes que hacen que el lector se vea identificado con la visión del periodista (“su paga media son 38 euros, de las más bajas del mundo”). Este desarrollo abarca los dos párrafos centrales.
En la conclusión, que abarca el último párrafo, se nos muestra claramente que el autor está en contra de la práctica que han estado llevando a cabo las empresas españolas en Blangladesh, y finalmente establece una solución mediante un enunciado con el que cierra el artículo.

El texto muestra los rasgos propios de un artículo periodístico, ya que el autor muestra su punto de vista desde la primera persona del plural, involucrando a los lectores además de a sí mismo; inicia el artículo con interrogaciones retóricas como forma de atraer la atención y curiosidad de el receptor; y finaliza con una contundente frase que resume su posición.
2. Tema
El tema del texto es la explotación a la que se ven sometidos los trabajadores de países desfavorecidos, y ante la cual no reaccionamos debido a nuestra precaria situación económica.

Resumen
El desastre de Bangladesh ha sacado a la luz el maltrato laboral al que están sometidos muchos trabajadores como consecuencia de la deslocalización, y a los que se le paga un salario excesivamente bajo. Sin embargo, los consumidores, a pesar de poner el grito en el cielo, no estamos dispuestos a cambiar nuestros hábitos para favorecer unas mejores condiciones a los asalariados y preferimos pagar menos, pues no nos afecta directamente.

3. Comentario crítico
Este artículo de opinión ha sido escrito por Miguel Máiquez, colaborador del periódico en el que este texto se ubica, 20 Minutos, aunque desarrolla su principal labor como periodista en su blog personal.
El tema del artículo es muy actual, ya que fue publicado hace escasos días. Otros periodistas han aportado su grano de arena comentando acerca de esta terrible noticia, como Ana Requena Aguilar o Iñigo Sáenz de Ugarte, ambos para Eldiario.es.
En estos tiempos de crisis, es difícil imaginar que alguien dejará de comprar ropa barata por un suceso como éste. En realidad, todos nos preocupamos al leer la noticia, pero tras esto volvemos a nuestros hábitos usuales. Evidentemente, algo debía haber tras el bajo precio de tiendas como Primark o El Corte Inglés (en ocasiones no tan barato), y aunque era un secreto a voces, a nadie nos preocupa que haya trabajadores cobrando sueldos más que mínimo hasta que hay víctimas. Pensaremos que los empresarios carecen de moral, que cómo pueden ser capaces de permitir que sus empleados apenas tengan para vivir, pero lo cierto es que nosotros, los consumidores, respondemos a su oferta con una demanda sorprendentemente alta para los tiempos que corren. Es la pescadilla que se muerde la cola, un círculo que jamás termina, pues no estamos dispuestos a emplear mucho dinero en ropa, por lo que compramos más barato, esa marca produce más y más barato para que sus precios no tiendan al alza, y de este modo, sometiendo a sus trabajadores, consiguen su objetivo de ofrecer ropa a buen precio, que nosotros volveremos a comprar. Puede parecer realmente hipócrita quejarse de el abuso de los empresarios y después comprar en estas firmas, pero a los españoles no nos queda otra. ¿Sobrevivir o renunciar a nuestros principios éticos? Esa es la cuestión.

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