La clonación -de células- es polémica para La Razón

16 de mayo de 2013. 23:02h  B. V. Conquero.

El ruso Shoukhrat Mitalipov y su equipo de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregon (OHSU) lograron ayer alejar el fantasma de la crisis que asola el mundo occidental gracias a un experimento científico. Y no es cualquier avance, sino un paso más a la transferencia nuclear que dio origen a Dolly. Ahora han obtenido embriones humanos. Así, la polémica que generó en 1997 la oveja idéntica, ha vuelto a abrir la puerta al debate sobre la posibilidad de una futura clonación de seres humanos. Marcelo Palacios, fundador de la Sociedad Internacional de Bioética (SIBI) mantiene la misma postura: «La corriente mundial, en general, se opone a la creación de nucleóvulos con fines reproductores. Es éticamente inaceptable, pero no veo ningún problema si el fin de estos procesos es de investigación y buscan avanzar en el desarrollo de nuevas terapias». Palacios fue el principal impulsor del Convenio de Asturias de 1999 por el que España ratificaba el Convenio europeo para la Protección de los Derechos Humanos con respecto a las aplicaciones de la biología y la medicina. Así, su artículo 18.2 recoge que «se prohíbe la constitución de embriones humanos con fines de experimentación». De este acuerdo emana uno de los principales escollos éticos. Jordi Barquinero, responsable del grupo de terapia celular y génica del Vall d’Hebron Institut de Recerca considera peligroso el paso que se ha dado en Oregon (EE UU), ya que «se ha creado un embrión entero, y éste es un primer paso para crear clones humanos». En este punto es donde algunos científicos consideran que los investigadores han superado algunas barreras éticas ya que, al contrario de otros laboratorios que generan células pluripotenciales», el ensayo de la OHSU «obtiene embriones». El problema de lo que se considera embrión fue uno de los puntos importantes que incorporó la Ley de Biomedicina de 2007 según la cual un cigoto pasa a ser embrión en el momento en el que «el ovocito fecundado es introducido en el vientre de la madre». La legislación española, como plantea el catedrático Carlos María Rome Casabona, director de la Cátedra de Derecho y Genoma Humano de la Universidad de Deusto, «prohíbe la constitución de prembriones humanos» (art. 33.2). Asimismo, «el Código Penal también considera delito la clonación reproductiva», explica el experto. Con todas estas limitaciones, en España no se puede iniciar un ensayo de estas características sin pasar por la Comisión de Garantías constituída en 2005 y de la que Romeo es miembro: «Nuestro informe es preceptivo. Es decir, si no es positivo, no puede realizarse». Desde su inicio han valorado numerosos proyectos, pero «los que se centraban en la clonación no han llegado a buen término». Los más exitosos son «los de células madre importadas de otros países, el uso de células madre adultas o el desarrollo de las células multipotenciales».

Natalia López Moratalla, catedrática de Bioquímica de la Universidad de Navarra y presidenta de la Asociación Española de Bioética y Ética Médica (Aebi), discrepa de la importancia del hallazgo: «No han clonado. Detrás de este estudio hay una labor de publicidad que nos intentan hacer pasar por clonación terapeútica, pero creo que es un fraude similar al del coreano Woo Suk Hwang, en 2004, ya que lo único que han hecho es mejorar la técnica de transferencia nuclear». La experta pone en duda los resultados que han presentado porque considera que «hace diez años ya se planteó su posible utilidad y se demostró que no podía curar». Esta determinación se obtuvo tras varios intentos en los que se probó que el paciente rechazaba esas nuevas células. «No tienen la misma inmunología», aclara la experta.

En lo que coinciden los experto e insisten especialmente Palacios y Romea es en que «el hecho de que se haya conseguido esta transferencia de núcleos con fines terapeúticos no significa que su aplicación sea inmediata», comenta el primero. «En nuestro país hay miles de diabéticos y no debemos hacerles pensar que se curarán mañana».

 

«Para estas técnicas buscan óvulos de mujeres jóvenes»

Para conseguir clonar embriones, es necesario la donación de óvulos. Es decir, una mujer se presta a dar sus óvulos para que se experimente con ellos. la profesora López Moratalla asegura que el desarrollo de esta técnica puede derivar en «la explotación de mujeres que, por 1.000 euros, se prestan a estas técnicas para las que es necesario estimular los ovarios de forma excesiva», afirma. Buscan «óvulos muy buenos, de mujeres jóvenes y les dan varios chutes de hormonas. Si estas técnicas se implementan podrían crearse numerosos problemas».

COMENTARIO

Es éste un tema de rigurosa actualidad que, aun apenas habiendo llegado todavía a oídos del grueso de la población, ha conseguido ya que los columnistas del periódico conservador La Razón -sorpresa la mía al encontrar una categoría dentro de las secciones disponibles titulada “Toros”- se echen las manos a la cabeza.

El periodista responsable de este, cuanto menos, indignado artículo de opinión es B. V. Conquero, colaborador usual del periódico en cuestión. Con una estructura argumentativa de introducción, desarrollo y conclusión -esta última dejándola en manos del lector aunque por supuesto induciéndole a considerarlo “malo”-, y un esquema del tipo analítico, Conquero se sirve de la noticia sobre el avance científico que parece poder permitir la clonación de células embrionarias, lo cual tendrá aplicaciones en la Sanidad como la regeneración de tejidos dañados -autotransplantes-, para crear un hipérbaton periodístico que escandalice a los lectores de su periódico, ya que en su artículo afirma ciertos detalles que, por lo que yo he podido indagar, no son ciertos, pero sí ponen el dedo en la llaga, por supuesto. La polémica sobre la ética de este descubrimiento queda abierta.

Por ejemplo, Conquero deja caer -o directamente constata- que la intención del equipo científico responsable es la de llegar a la clonación de un ser humano adulto, cuando sus objetivos no son otros que los de crear, en un futuro, órganos de transplante o reparación de tejidos. También cabe resaltar el comienzo que hace: “El ruso Shoukhrat Mitalipov y su equipo de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregon (OHSU) lograron ayer alejar el fantasma de la crisis que asola el mundo occidental gracias a un experimento científico”. Bueno, si la intención de Conquero aquí era acusar a este equipo de hacer pública la noticia para hacer olvidar a la población la situación en la nos encontramos, creo que es porque el modus operandi de nuestro propio país ha llegado a límites insospechados de paranoia colectiva -por otra parte sería, desde luego, una táctica mucho más sutil y respetuosa para con nuestra inteligencia que la del fútbol o los programas basura a los que estamos acostumbrados aquí.

Su siguiente táctica es la de aludir al Código Penal -y claro está, a lo largo de todo el artículo, a la ética-, respaldándose a su vez en las palabras de una eminencia en el campo en el que nos movemos. Aquí, una vez más, me llama la atención la capacidad de libre interpretación -por no decir manipulación, tergiversación o simplemente imaginación desbordada- de la que hace gala Conquero. Y es que, una vez más, denuncia los supuestos fines de este equipo científico, fines que ellos -Conqueros y la señora Natalia López Moratalla- imaginan y cuyas consecuencias para el futuro quedan también en manos de videntes: no, nadie ha hablado todavía -repito, según tengo yo entendido- de la clonación de seres humanos en serie, en una suerte de Mundo feliz huxleyano.

Pero lo que a mí me gusta más de este artículo es el

«Para estas técnicas buscan óvulos de mujeres jóvenes»

Me transportan estas palabras a un castillo de puntiagudas torres flamígeras, gótico, situado en lo alto de una neblinosa colina, coronado por la tibia esfera nácar de la luna -llena, a ser posible-, alrededor del cual curiosea una bandada de murciélagos, y en cuyo interior un cerúleo Conde Drácula desangra a unas pobres doncellas vírgenes -valga la redundancia- que son su macabro alimento. ¡Por Dios -y no creo-! Todo el conjunto de esta columna es una exageración, pero este final se me antoja un despropósito. Conquero se escandaliza, haciéndose eco de las palabras, nuevamente, de la ilustre López Moratalla, ante el problema social al que nos enfrentaremos cuando, cobrando 1000 euros -increíble la cifra exacta que aportan- por donación, las mujeres acudan en hordas a dejar sus órganos en manos de la -horrible- experimentación.

Creo que sobran las palabras. Yo, al menos, me he quedado ya sin ellas. Espero que cada uno reflexione y conforme su propia opinión al respecto, teniendo en cuenta los datos aportados. Pero por favor: lean el artículo, del periódico El País, sobre el terma: http://elpais.com/elpais/2013/05/16/opinion/1368731468_736899.html

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