Los recortes obligan a los centros de enseñanza a redoblar esfuerzos

Las medidas aprobadas por el Gobierno y la Junta fuerzan a centros educativos como el IES San Isidoro a aumentar la carga de trabajo para que no repercutan en los alumnos.

Diego J. Geniz | Diario de Sevilla 04.11.2012 – 05:03

Tiene 166 años de historia y más de 1.000 alumnos. El instituto San Isidoro, en la calle Amor de Dios, es un referente de la enseñanza pública en Sevilla. Por sus aulas han pasado personalidades de la literatura, la política y la ciencia: Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio y Manuel Machado, Alberto Lista, Felipe González, Rafael Escuredo, Severo Ochoa y Manuel Losada. La trayectoria del centro y los excelentes resultados académicos que logra cada curso son motivos más que suficientes para que todos los años tenga listas de espera en el proceso de escolarización.

Desde que fuera creado en 1846 la comunidad educativa que ha trabajado en este instituto se ha adaptado a las distintas circunstancias económicas y las sucesivas reformas en la enseñanza llevadas a cabo por los gobiernos central y autonómico. Ahora no iba a ser distinto. Para ello han activado la única fórmula posible: un mayor esfuerzo del equipo directivo y los docentes. Y todo con el mismo fin: que los recortes no repercutan en los alumnos.

María Luz Casares es la directora del San Isidoro, convertido en su principal domicilio a cuenta del tiempo que pasa en él: de 12 a 14 horas diarias. “Entro muchas veces a las ocho de la mañana y salgo después de las diez de la noche”, explica Casares mientras supervisa en el ordenador de su despacho el cuadrante de horarios del día. Este año ha sido más difícil que los anteriores la organización, responsabilidad compartida entre el equipo directivo y los jefes de departamentos. Normalmente en julio comienza la organización del nuevo curso con las previsiones del número de alumnos y de peticiones de asignatura. Sin embargo, no es hasta septiembre cuando llega la carga “fuerte” de trabajo. “Los datos definitivos no se tienen hasta el 10 de septiembre, una vez que ya se conocen los resultados de los exámenes a los que se han presentado los alumnos que suspendieron en junio”, explica Alberto Dominguez, profesor de Economía del IES San Isidoro.

Desde hace varios años el centro cuenta con un programa diseñado por el matemático Jerónimo Ferrer para elaborar los horarios. Se trata de un auténtico sudoku en el que hay que encajar los cuatro elementos a la hora de dar clase: profesor, grupo de alumnos, asignatura y aula. El resultado es un cuadro de múltiples colores gracias al cual la dirección del centro y cada docente sabe qué enseñanza se imparte a cada momento y en qué aula.

Esta labor de “ingeniería” -como así la define la directora del San Isidoro- se ha complicado aún más este año con la normativa estatal que obliga a aumentar el horario lectivo de los profesores. Si antes eran 18 horas, ahora son 20. Este incremento de la presencia en las aulas disminuye el tiempo que los profesores dedican a la preparación de las clases, corrección de exámenes, asistencia a claustros, reuniones de departamento y formación, actividades que completan las jornada laboral hasta las 35 horas semanales en los centros educativos. “Siempre nos hemos tenido que llevar tarea a casa, pero tras los recortes del Gobierno nos obligan a que el trabajo fuera del colegio sea mayor”, explica Domínguez.

El aumento horario no ha tenido sólo esa consecuencia. Unido a ello, también se ha reducido el número de interinos (en Andalucía casi 5.000). En el IES San Isidoro esta medida se ha traducido en siete profesores menos. “Al ser un centro muy demandado por los docentes, los que se incorporan a él cuentan ya con muchos puntos, es decir, con bastante años de experiencia laboral y, por tanto, con edades cercanas a la jubilación, de ahí que siempre se produzcan vacantes. Este año tenemos dos grupos más de alumnos y siete profesores menos. La relación es totalmente despropocionada”, añade la directora del instituto. Esta merma ha hecho más compleja la organización de los horarios. En términos generales, todo el profesorado tiene una clase más (que varía en el número de alumnos), lo que supone pasar de una media 180 estudiantes a 200 por docente, “con la sobrecarga que conlleva a la hora de corregir exámenes”, apostilla el profesor de Economía.

Estos cambios han provocado horas extras de trabajo -no remuneradas- durante la elaboración de los horarios. “Hemos tenido que quedarnos por la noche y venir los fines de semana para tenerlo todo preparado el 17 de septiembre, cuando empezó el curso”, asegura Domínguez. El proceso de esta organización pasa por distintos estamentos. En un primer momento es el equipo directivo el que decide las materias que se impartirán en cada curso (sin contar, claro está, con las obligatorias) según el número de solicitudes presentadas y la plantilla de profesores. Cuando ya se ha elaborado la lista, llega el momento de la distribución, tarea que compete a los departamentos, que en el San Isidoro son 15 después de la entrada en vigor de los reglamentos orgánicos en 2009. Estas áreas de conocimiento se encargan de asignar a los profesores las asignaturas que han de impartir y los horarios.

La política de ajuste del Gobierno ha venido a sumar más trabajo a los departamentos, ya que al haber menos profesores algunos docentes se han visto obligados a enseñar una temática de la que no son especialistas. Es lo que se conoce como docentes “afines”. “En este instituto este curso la profesora de Francés da también clases de Ciencias Sociales, y el de Física, Tecnología”, apunta la directora del centro, quien subraya que este hándicap apenas se percibe en el desarrollo de las clases gracias al “elevado” perfil académico de los docentes que trabajan en el San Isidoro. Un ejemplo claro es el del propio Alberto Domínguez, quien, además de estar especializado en Economía, goza de amplios conocimientos en Latín y Griego, lo que le ha permitido dar clases de estas asignaturas en cursos pasados.

Pero las complicaciones a las que han hecho frente los departamentos en el inicio de curso no se detienen aquí. Los recortes del Ejecutivo de Rajoy han dejado sin efecto una de las medidas que la Junta generalizó en todos los centros en 2010 y que fue aplaudida por toda la comunidad educativa: el tiempo para cubrir una baja de larga duración. Si desde entonces a un colegio o instituto se le dotaba de una bolsa de horas para sustituciones durante el curso y la llegada del profesor suplente tardaba como máximo un día y medio, ahora esta espera se prolonga un mínimo de 15 días, como medida de ahorro.

“De nuevo, el esfuerzo y el trabajo extra de los docentes ha logrado que los efectos de esta medida sean menos perniciosos en los alumnos”, mantiene la directora del centro. Para ello, los jefes de los departamentos han elaborado previamente al inicio del curso el material necesario para ese tiempo de espera, de manera que los estudiantes realicen actividades de la materia del profesor que se ha dado de baja bajo la supervisión del docente que se encuentre de guardia. Para Casares, “no tiene sentido volver a las andadas en las sustituciones. Habíamos logrado un sistema que funcionaba bastante bien y que permitía a los directores cubrir las bajas en función de los recursos con los que contara en el centro y según la importancia que revestía cada ausencia”.

El empeño de los docentes de este instituto para que los alumnos no se vean perjudicados se refleja también a la hora de organizar actividades extraescolares. “En muchos centros los profesores han decidido no realizar ninguna ante el reducción que han sufrido en los salarios. Aquí, por contra, continuamos con ellas, ya sean de carácter cultural o solidario. No tiene sentido que se explique el mundo clásico y no se acuda a Itálica, que está tan cerca, para ver el anfiteatro”, argumenta la directora del San Isidoro.

El nuevo curso no viene marcado sólo por los recortes del Gobierno. Las medidas tomadas por la Junta también han dificultado la tarea de la dirección y de los docentes. El ejemplo más claro es la “prohibición” de exigir a las familias material escolar que no se incluya en el programa de gratuidad de libros de texto, como son los cuadernillos de ejercicios para asignaturas tales como Matemáticas e Idiomas. “Esto ha sido una pérdida valiosa -afirma Casares- porque ahora el profesor emplea tiempo de clase para dictar los deberes o lo dedica fuera de ella a elaborarlos y fotocopiarlos. Además, para las familias con pocos recursos económicos ya contamos con un fondo de materiales”.

La modificación del programa Escuela TIC 2.0 dejará a dos cursos de tercero de ESO sin pizarra digital. “Había profesores que ya se habían acostumbrado a trabajar con estos instrumentos, ahora tendrán que volver a la tiza”, recalca la directora. Los problemas de liquidez de la administración regional han provocado también un retraso en la subvención económica que se les otorga a los centros para sufragar determinados gastos. En el caso del San Isidoro, se ha hecho frente a este desembolso gracias a los remanentes que posee el instituto, lo que ha solventado el pago a los proveedores.

La suspensión del programa Idioma y Juventud, de la Consejería de Educación, dejó en tierra el verano pasado a más de 60 alumnos de este centro que ya habían sido preseleccionados para las estancias en el extranjero. Casares destaca el “incentivo” que suponía para estos estudiantes dichos viajes. Pese a ello, el centro cuenta con un programa de intercambios propios, financiado en parte por las familias (a algunas de las cuales se les ayuda en este gasto), debido a la importancia que siempre ha tenido el aprendizaje de idiomas en el San Isidoro, que fue pionero en el bilingüismo de alemán. Actualmente, además de la lengua germánica (dos asignaturas en Secundaria y una en Bachillerato se imparten en este idioma), se enseña inglés y francés.

Si los recortes son el presente de la enseñanza, la reforma educativa del Gobierno es el futuro. La directora del San Isidoro cree que ahora hay más dudas que rechazo a este proyecto, aunque no muestra tapujos a la hora de defender dos cambios “trascendentales”. Por un lado, el Bachillerato de tres años, una ampliación que, según Casares, se venía reclamando “desde hace tiempo”. “Tenemos el Bachillerato más corto de Europa, con sólo dos cursos, cuando antes teníamos tres y el COU”. Respecto a las reválidas al final de cada etapa educativa, esta directora se muestra de acuerdo en “corregir los fallos antes de pasar a otro nivel”. “El alumno ha de saber que debe esforzarse y que nada en esta vida se consigue sin un sacrificio previo”.

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